Aquella mañana de verano no era lo mismo. Ni el sol lucía como antes, ni el jardín mostraba todo su esplendor en el que la abuela tanto trabajó aquella tarde. Tom decidió hacer como que nada había pasado aunque en su cabeza todo daba vueltas. Aquella noche había cambiado para siempre su vida, todo en lo que el creía, su forma de ver el mundo y su autoestima habían cambiado. Ni siquiera él se reconocía.
¿Por qué tuvo que pasar? No estaba preparado en absoluto. Desde la charla de ayer con Violeta se sentía extraño. Quería llorar, huir de sí mismo, pensaba que no le vendría mal un tranquilizante para caballos en ese momento para morir o por lo menos dormirse durante una larga temporada hasta que todo aquello pasara porque no podía pensar en otra cosa. No quería más decepciones.
Llaman al timbre. Es Lirio, que volvía de comprar el pan. Hoy le tocaba ir a él, pero como no se había levantado, le tocó ir a su hermana pequeña a pesar de la cantidad de escusas y quejas que puso. No se encontraba nada bien, ni siquiera escuchaba los gritos de su hermana histérica reprochándole que por su culpa había tenido que hacer ella todas las tareas que a él le tocaban. Se metió en el baño con el objetivo de darse una ducha para despejarse y ver si se le aclaraban las ideas. Pensó en llamar a Lucas para contarle lo de anoche y como se sentía. Era su mejor amigo, el que mejor le conocía y le podría aconsejar sobre que decisión tomar, aunque pensaba que hasta incluso a él, el rey de los consejos, le iba a costar ayudarle en su decisión.
- Lucas, ¿estas haciendo algo importante?
-No tío, ¿Por qué?
- Ven a mi casa, necesito contarte algo.
A la hora se presentó allí, como un clavo. Tom le abrió la puerta y con rapidez se dirigieron hacia su habitación. Cerró para que nadie escuchara aquella conversación, ya que su hermana era demasiado cotilla y ya les echó el ojo nada más llegar Lucas a casa.
Lucas sin querer esperar un segundo más para saber que pasaba dijo:
- Tío, no se a que viene todo esto.¡Explícate!
- Ayer por la noche... vino Violeta...
-¡¿Y qué?!Vamos no te hagas de rogar cuéntalo ya.
-¿Te acuerdas de lo que hablamos el sábado pasado? Pues ha sucedido. Lo peor es que no puedo ir a verla. No me atrevo. Y me hubiera gustado una explicación. Me siento fatal, no se si voy a ser capaz de seguir así. Necesito cambiar de aires, tío. Estoy pensando en abandonar, pero no puedo. Todo lo que quiero está aquí, es su presencia la que no seré capaz de aguantar. Su cara de sonrisa falsa y de intentar volver a quererme, pero yo a ella por mucho que la quiera no puedo mantener este engaño. Voy a cortar de raíz. Estoy pensando en irme. Necesito olvidar a Marta.
-¿Irte? ¿Dónde?¿Y me lo dices así? ¿Sin más? Estas siendo muy precipitado. Piénsalo.

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