sábado, 1 de junio de 2013

PROTOTIPOS.


Cada uno tenemos el prototipo ideal de persona con el/la que queremos pasar nuestra vida, cosa que es muy difícil de encontrar... Pero aun así soñamos con ello.
Cuando empiezas a hablar con alguien que no sabes cómo es, es un riesgo, pero no si al final te das cuenta de que es buena persona, se preocupa, te mima y te trata bien. Hasta llegar al punto de que te empieza a gustar, a llamar la atención. Empiezas a imaginarte como es en verdad esa persona, su apariencia y físico y por supuesto, tiendes a tener una idea demasiado fantasiosa comparada con la realidad.
Al descubrir como es en verdad y no te gusta lo que ves, te desanima un poco, pero después recapacitas sobre todo ello y descubres que te empezó a gustar por su personalidad y su carácter, por su forma de tratarte y no te importo hasta entonces como era él/ella.
Realmente lo que nos preocupa es lo que piensen los demás cuando te vean con él/ella, te sientes avergonzado y esto es lo que te hace echarte atrás. Sientes que el aspecto es muy importante, que es el dominante en las relaciones. Así que mi pregunta es ¿dónde se ha quedado toda esa belleza interior de la que todo el mundo habla pero nadie en realidad siente? El mundo, la sociedad, están llenos de gente superficial, tanto que hasta llegan al límite de discriminar por cualquier cosa que se salga de los prototipos de persona 'perfecta' o ‘ideal'. Solo tenéis que observar los anuncios, llenos de chicas con una gran belleza y unos cuerpos de 10. Esas chicas no son reales, no son chicas del día a día con quien nos podamos identificar el resto de mujeres, es más, nos hacen sentir ridículas ante ellas y nos avergüenza no poder estar a la altura y lo mismo ocurre con los hombres.
Dejemos de influenciarnos por los demás, deberíamos ser un poco más reales y no tan superficiales. Ver a la gente no por su exterior, sino por su interior. Porque al fin y al cabo, el exterior solo es la funda de todo lo que somos y en vez de cuidar tanto el exterior, deberíamos dedicarnos a conocernos mejor y a saber que lo más bonito no son ni tu pelo, ni tus ojos, ni tus piernas sino tu personalidad y tu forma de ser y tratar a los demás.