miércoles, 3 de septiembre de 2014

A MILÍMETROS DE TI.

Cuantas veces quise llorar por ti y cuantas sin quererlo  me arrancaste un mar de lágrimas. Lágrimas que no eran saladas, sino que tenían un amargo incalculable. Un amargo que mata. Puro veneno. Y lo que no paro de preguntarme constantemente es que si todo esto que tu provocas sin querer, inconscientemente, merece la pena o no. Quiero saber si aún puedo pensar en el día en el que tus labios puedan ser pensados sin la necesidad de imaginarlos a milímetros de los míos, sin tener que rogar a los dioses que un día pases por casualidad por mi puerta y podamos acabar endulzándonos,  recorriendo cada parte de nuestros cuerpos, estudiando todas las asignaturas de tu piel y pasando los exámenes de tu ombligo. Susurrando a tus oídos que me dejen volver,  que me hagan repetir. Y si esto merece un castigo, que sea contigo porque ya sabes que solo me encuentro amargo, espeso, incluso espolvoreado y no es precisamente polvo de hadas. Polvo de ese que se esconde entre tus dedos y que solo él sabe hacerme volar, y que al volar me hagas olvidar aquel desecho que tengo por corazón, para poder amarte puramente.