domingo, 1 de junio de 2014

CAFÉ.

Tú y yo somos un rompecabezas mal estructurado. Somos una ecuación sin solución. Somos una pintura abstracta indescriptible. Somos una competición sin campeón. Somos y no somos. Por lo menos fuimos algo, aunque no recuerdo ni el espacio ni el tiempo en el que sucedió. Sé que hay un sentimiento, bueno no sé si denominarlo así. Podemos decir que fue algo efímero. Llamémoslo compasión para engañar al mundo o a nosotros mismos. Olvidemos que fue amor si es que podemos, claro, y recordemos que fue un roce, una mirada lo que nos unió, ¿no?.
Sabiendo que eres veneno, dejé que mis labios fueran mordidos. Permití ceder mi vida por un segundo de placer, por poder sentir algo que sin duda jamás habría sentido si tu no estuvieras allí. Ahora, sabiendo que ya no estas, apenas me quedan un par de suspiros de vida, un par de recuerdos de tus amargos labios, y un café que determina mi tiempo. Gota a gota me consumes, cual gota de este café atraviesa mi garganta, cual calor que este me cede. Como en el mismo instante que tú me tocas.
De este par de recuerdos, la mitad son de tus lágrimas de adiós. Aquella pequeña cascada que corría desde tus ojos vidriosos y apasionados, que me envolvía como una tormenta de verano en pleno Agosto. Me empapaba de dolor y frustración. Echaría de menos tu veneno, nuestro rompecabezas, aquel café de mediodía y las mentiras creadas para nosotros a medida.