¿Quién no ha dicho alguna vez cuando era pequeño "de mayor quiero ser ..." seguido de aquello que nos apasionaba e impresionaba como futuro? Esas eran nuestras ilusiones que poco a poco van madurando con el paso del tiempo, hasta que un día ya sabes a lo que te vas a dedicar. Pero en este largo camino hasta tu decisión puede haber varios obstáculos, entre ellos, los padres. Esas personas que nos han criado desde que nacimos y que sin duda quieren guiarnos por el mejor camino, pero muchas veces entorpecen o crean confusión en sus hijos la presionarles con la idea de ser lo que un día ellos fueron o lo que nunca llegaron a ser, sin dejar que estos decidan lo que de verdad les gusta. Y es que la mayoría de padres lo hacen continuamente y no se dan cuenta de que esto tiene más consecuencias que pueden cambiar el rumbo de la vida de sus hijos. Incluso llevándoles al fracaso o perdición, acabados en un mundo que no les gusta con un trabajo por obligación sin la más mínima aceptación por su parte para poder tener una vida digna.
Dichos progenitores miran más por ellos que por los que son realmente importantes, sus pequeños. Al hacerles o quererles hacer cambiar de opinión les descontrolan, les sacan de su mayor pasión y no distinguen entre lo que les gusta y agradar a sus padres, pero ellos rápidamente contestaran con un "llegarás a ser grande, hijo" y todo se arregla.
Elegir lo que tus padres quieren por miedo a defraudarles no es una opción. Alguien debería decirle a estos padres que los que tienen que vivir su vida son sus hijos y están consiguiendo vivirla ellos por sus niños.
Que la vida está para equivocarse, así se aprende. Que tomen sus propias decisiones y que les apoyen en todo lo que puedan, pero que nunca les hagan cambiar lo que son solo por un orgullo y ego propio de satisfacción insatisfecha en su juventud.

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